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Punto de Vista - Brasilia

Por Pablo Jordán, presidente de la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA)


En un viaje espectacular, entretenido y riquísimo en información sobre urbanismo y arquitectura, la Misión Histórico Cultural a Brasilia y Río de Janeiro, se cerró como un nuevo hito de nuestra organización.

La primera y fundamental visita la constituyó Brasilia. Marcados por la fácil y reiterada observación de ser un proyecto “carente de escala humana”, íbamos con el afán de verificar esto personalmente: cómo es el primer nivel; la llegada de la edificación a los bordes urbanos; la integración de funciones; si acaso las cuatro funciones del CIAM resultaban suficientes; el predominio del automóvil; las largas distancias, eran algunas interrogantes. La primera verificación- al menos para mí- es que esto NO es cierto. Así. Simplemente. No sólo tiene el proyecto más de 60 años de vida y actividad permanente, sino que según nos informaron sigue atrayendo población nueva. Por algo será. Pero es que además basta con visitar las extraordinarias macro manzanas de la escala residencial para tocar, al menos por unos minutos, la materialización de excelentes proyectos habitacionales.


Se agregan a esto, las opiniones de sus residentes, de quienes la habitan cotidianamente. Al menos los que entrevistamos manifestaron orgullo de ser sus habitantes, mucha alegría y conformidad con la forma de habitar que propone el modelo y, lo que es más, la certidumbre de que quienes opinan sin haber al menos vivido en ella por un año, nos dan cuenta real del modo y calidad de vida que el proyecto propuso y sostiene.

Por cierto que tiene espacios monumentales¡¡¡¡ De eso se trató el proyecto… Fundar una nueva capital, en uno de los países de mayor desarrollo y tamaño del mundo. En América Latina, en contexto de desarrollo aún juvenil y de fuerte impronta democrática. Con pocos recursos… Tenía por fuerza que contener símbolos neo-fundacionales. Encontrar una expresión original y motivante. Y lo logra con creces. A ello se suma el que los edificios emblemáticos y simbólicos que pueblan el Eje Monumental de la ciudad tienen una escala cercana a las personas. Es su emplazamiento, disposición y diálogo en el espacio monumental lo que les confiere su rol de monumentos.


Las decisiones de implantación, estructura, disposición de funciones, emplazamiento de edificios notables y únicos, relación con el entorno y medio natural. Todas ellas, todas, están marcadas por el simbolismo: democracia, transparencia, representación popular, república, sociedad, respeto al medio natural, son algunos de ellos.

Aprendimos que la ciudad fue concebida como un objeto único, lo que de por sí es una increíble decisión. Que se organiza en una superposición de cuatro escalas: monumental, gregaria, residencial y bucólica. Y que cada una de ellas representa un modo de habitar, de relacionarse entre los habitantes y el medio natural, de organizar límites y conductas. Tan importante es esta visión de cuatro escalas que constituye el pilar central en la generación de instrumental de conservación y cuidado de este sitio patrimonial de la humanidad. No sólo debemos conservar los edificios monumentales (por cierto, en un extraordinario estado) sino también las condiciones de cada una de estas escalas urbanas incluyendo –hecho notable y divulgable- su patrimonio de espacios públicos, jardines y plantaciones. La obra urbana integral, desde el concepto, el símbolo, la planificación, el diseño, la construcción y los espacios públicos y sistemas de infraestructura urbana, conforman un total único, armónico y constitutivo de un lenguaje reconocible en todas las acciones espaciales.

Podrá pensarse que existió una cierta hegemonía del diseño y de un grupo de diseñadores. Es cierto que la hubo. Pero también es cierto que se dio forma a una escuela de diseñadores -arquitectos e ingenieros- que hasta hoy persiguen y prolongan los principios de los maestros. Prueba de ello son las edificaciones de la Universidad de Brasilia, de los proyectos emblemáticos de embajadas y muchos otros. Sin lugar a dudas la decisión política de hacer esta ciudad, de construir en cinco años lo que normalmente toma cincuenta, requirió de gran voluntad y visión, control y experimentación. En la suma final queda la impresión de haber visitado una obra colectiva y paradigmática. Sensible y fuerte. Que permanece en el tiempo y que, por lo mismo, con solo 65 años es ya patrimonio universal de la humanidad. No dejen de visitar Brasilia.

*Las opiniones expresadas en la sección punto de vista son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de la Asociación de Oficinas de Arquitectos.

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