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Punto de Vista | Brasilia: La ilusión, la esperanza, la realidad

Por Miguel Agustín Contreras, socio de Urbe Arquitectos y participante de la Misión Histórico Cultural 2023 a Brasilia

Desde mi perspectiva, lo más sobrecogedor de Brasilia, es ver levantado un modelo de ciudad que busca posibilitar una vida digna, moderna y transformadora.


Los debates sobre las deudas o errores del proyecto construido y habitado, constituyen un desafío para las nuevas generaciones, quienes tienen a cargo la responsabilidad de perfeccionar la idea a través de su quehacer, reconociendo a la vez, los logros y virtudes de una ciudad planificada, moderna y en su casco fundacional, instantánea.


No se trató de voluntad, sino de concretar una idea reorientadora del desarrollo y de ampliar la conciencia nacional del territorio. Del desafío de remover las restricciones y de abrir oportunidades, buscando reformular la vida urbana y los límites de la ciudad y la arquitectura.


Brasilia no solo es una lección de urbanismo moderno sino también constituye un proyecto de nación, que entiende a la ciudad como detonante de un nuevo desarrollo económico y social, capaz de posicionarse como un referente a nivel global.


No se puede ignorar la claridad en la relación entre ciudad y territorio, de la jerarquía y del valor social, donde encontrarse es en lo comunitario y donde construir es para las generaciones venideras. Donde la libertad está en el equilibrio de lo público que traspasa los límites de la base defensiva de lo individualista, que en la discusión, muchas veces se contraponen.


Qué más notable que la aplicación lograda por Lucio Costa de los conceptos modernos de permeabilidad del espacio, donde se redefine el límite entre lo público y lo privado?, como sucede con la continuidad de recorridos entre las edificaciones de la “supermanzana”, en la base de la torre de comunicaciones o de cómo recorrer el perímetro del parlamento y su cubierta, entre otros. Donde la libertad de cruzar el espacio de uso público no va en detrimento de lo privado, sino que lo asegura y lo enaltece.


La arquitectura fundacional de Oscar Niemeyer alcanza su epítome en el Museo Nacional, donde se diluyen los límites entre muros y cubierta para generar el silencio espacial suficiente para que destaque su contenido: la creación artística.

Así y entre muchos otros, la exploración espacial está en la luz de la catedral, en el uso de la plaza-anfiteatro para la reunión frente al parlamento o de la continuidad del espacio público y privado en el Campus Universitario.


Sorprende la consecuencia de la idea de lo colectivo representado en la libertad del recorrido, del valor del espacio urbano jerarquizado por la arquitectura.


Geografía, clima, ambiente y sociedad, la construcción de un modelo urbano que concretiza oportunidades para un modo de vida abierto, activo y colectivo.


Hay dudas urbanas que son carencias, gran oportunidad y responsabilidad de las generaciones que siguen en su desarrollo, porque no hay proyectos estáticos, sino que en ese eslabón, la magnífica responsabilidad de aportar en un proceso de construir continuo. Es una “ciudad recién nacida”, con solo 62 años desde su fundación (21 de abril de 1960) y 66 desde el inicio de su construcción ¡(23 de octubre de 1956)!


Es memorable el desafío de transformar en etéreo lo sólido, de cambiar los límites de la arquitectura al integrarla al paisaje, incorporando la vida silvestre y la vegetación nativa al espacio urbano, generando una simbiosis entre sociedad, arquitectura y naturaleza.


Un trabajo liderado desde el urbanismo y la arquitectura por un sinfín de personas, que, en muchos casos incógnitas, van haciendo ciudad y creando un mejor lugar donde habitar.


*Las opiniones expresadas en la sección punto de vista son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de la Asociación de Oficinas de Arquitectos.

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